Los espacios semánticos (el mapa literario)

En esta entrada vamos a pensar un poco sobre la relación entre la literatura, la ciudad y la educación, un tema bastante abordado, vigente e interesante. 

Como hemos visto, existen, a lo menos, tres maneras de comprender la relación entre la ciudad y la educación. Desde el aprender de la ciudad, en la ciudad, y/o aprender la ciudad. El primer criterio, aprender de la ciudad, nos lleva a pensar en la ciudad como un entorno pedagógico en sí misma. El segundo, aprender en la ciudad, refiere a un espacio de educación informal, a un "aprender en la calle o escuela de la vida", como decimos los chilenos: tener calle. El último criterio, y el que aquí más nos interesa por las claras relaciones que guarda con la literatura, aprender la ciudad, nos lleva a comprender la ciudad misma como un texto que podemos/debemos leer, comprender e interpretar.

De esto último, entendemos que debemos pensar la ciudad en su arquitectura, en su historia, pero también en sus huellas y en sus borramientos. En lo que hace visible y en lo que oculta. En lo que dice y en lo que silencia.

Dentro del ámbito literario, las relaciones entre literatura y ciudad son un tópico recurrente. Material crítico al respecto, por ejemplo, son Las ciudades literarias, texto de Guadalupe Santa Cruz, o La ciudad como mapa narrativo, de Luisa Eguiluz, ambos compilados en Otras miradas. Otras preguntas. Ciudad y arquitectura, editado por Mirta Halpert. No vale la pena comenzar aquí una lista de textos literarios que aborden la ciudad, ya sea como espacio o como personaje, ya como agresividad o como posibilidad, etc., sino que lo que nos interesa es establecer un foco de interés interdependiente entre la espacialidad urbana y su modo de estar cifrada en la literatura. Así la ciudad se convierte en un motor de fomento lector, mientras que la literatura resalta cualitativamente la ciudad, dotándola de una significación otra, más intensa, no alienada.

Efectivamente, la literatura, y el arte en general, nos permiten habitar realmente nuestros espacios, que el propio ritmo urbano los vuelve cada vez más puro flujo y tránsito, obliterando el detenimiento necesario para leer la ciudad, como apuntábamos. Nosotros, con ánimo de trabajar transdisciplinarmente, vamos a presentar un texto tomado de nuestro folclor, música y baile: una cueca que, como muchas otras, aborda la tópica urbana como eje de su textualidad:

Adiós Santiago querido
Adiós Parque Forestal
Cerro de Santa Lucía
También la Quinta Normal

Adiós calle San Pablo
con Matucana
donde toman los guapos
en damajuana

en damajuana, sí
Parque Cousiño
donde toman los huasos
también los niños

En la calle Bandera
alguien me espera.



La copla con que abre esta cueca aborda lugares de interés histórico y recreativos, espacios comunes, hoy todavía, de visitar, donde caminar o descansar, donde podemos encontrar gente haciendo ejercicios o practicando artes circenses, por ejemplo. Un espacio rico culturalmente hablando, tanto como espacio de recreo. 

Nos interesa la primera seguidilla porque pone en relación el espacio y una actividad. Si bien solo menciona el tomar, el ingerir alcohol, San Pablo con Matucana solía ser más que el lugar de una panadería cara. Efectivamente, se reunían lotes bravos, como dicen las cuecas, y armaban ruedas de canto cuequero. De esta práctica de apropiación urbana no queda nada en esa esquina, no obstante, las ruedas de canto perviven, la rueda de los martes, los viernes en San Joaquín, los domingos en Salvador, entre otras. Nuestro canto y poesía es el mejor ejemplo de cómo la ciudad es un espacio de aprendizaje constante. Aprender en/de/la ciudad, y esta en relación a nuestra literatura, se convierten mutuamente dándose profundidad, complejidad y sentido. 

Como bien escribe Humberto Giannini en el ensayo El espacio público: "Este espacio, civil o público no es, entonces, la espacialidad pura, delimitada físicamente dentro de la cual ocurren las acciones humanas, sino aquella que se genera en virtud de las acciones humanas mismas, en cuanto son comunicativas y que, justamente por serlo, hacen de ese espacio de convergencia un espacio semántico: polarizado, conflictivo, tenso y en perpetuo estado de interpretación". Así, comprendemos que la literatura, y el habitar mismo en los espacios, hace de ellos un lugar complejo, que podemos leer en sus tensiones e intenciones, en cuanto participación creativa, y recreativa, humana, en ellos, y no sólo un espacio frío por el cual se pasa (o se posa) sin reflexión ni significación alguna.

Con esto, los dejamos invitados a comentar sus experiencias urbanas, literarias y educativas ¿De qué manera leen e interpretan la ciudad y sus lugares? ¿Han leído algo que haya hecho cambiar su percepción de algún espacio urbano?











































































Comentarios

Entradas populares