El arte no es político

¿Qué quiere decir Nancy cuando afirma que el arte no es político?

Vamos a ver si podemos hacer converger lo que hemos expresado en entradas anteriores (vean: Arte y Política) con el pensamiento del autor francés.

Efectivamente, Jean-Luc Nancy indica que es una confusión pensar que el arte es político, sin embargo, debemos comprender por qué. 

El argumento que sigue el autor es el siguiente: si lo político refiere a una técnica, y una técnica es "-en el sentido más amplio del término- todos los procedimientos que permiten conseguir un fin que no está dado previamente en un proceso natural", nos indica una restricción a priori de la cual el arte se desentiende. Efectivamente, el arte se caracteriza, nos dice el francés, por referir a una técnica sólo en cuanto "finalidad sin fin".

Anteriormente caracterizamos lo político como el "espacio de deliberación social", lo cual es cierto. No obstante, no es menos cierta la afirmación que indica que el fin de lo político "consiste en la disposición, el equilibrio, la estabilidad de la existencia común de un grupo del cual no se halla principio o fundamente de su ser común". De hecho, si una comunidad encuentra fundamento y, por tanto un destino, común, la categoría de lo político no puede aplicarse con propiedad.

Con esta crisis del 'ser común' el arte se emancipa, nos dice Nancy: "la técnica del arte -o, mejor dicho, las técnicas de las artes- consiguen su autonomía en el momento en que la figuración del destino común devino frágil, incierto, es decir, imposible". Y continúa: "el arte sería entonces lo que se desliga de la celebración religiosa cuando ésta ya no está íntimamente imbricada en la ordenación de la vida común". Así, el arte tiene un carácter cultural y cultual innegable y, sin embargo, se pone en el margen de la ordenación de la 'vida en común'. El arte, si bien puede devenir objeto de culto, no deja de expresar un gesto independiente, una materialidad que excede cualquier teleología, a no ser que se presente autotélica, es decir, con una finalidad en sí misma.

Aún con esto, el propio Nancy reconoce que lo anterior no quiere decir que el arte no tenga relación alguna con la existencia común: "pero lo que hace en la existencia común no consiste en organizar o en modelar su destino, ni en darle ninguna especie de razón primera o última. Antes bien, la retira a estas esferas o a estos órdenes para volverla hacia ella misma: en tanto que 'lo común' no es sólo lo que asociaría individuos, ni lo que fundaría una comunidad, sino lo que nos hace relacionarnos los unos a los otros independientemente de las relaciones de fuerzas, de intereses y de creencias". Si bien, esto parece contradecir lo que expresamos en nuestra publicación "Política y Arte", respecto a que el Arte y lo Político (y la politización) convergían en cuanto "allí surgen e intervienen instancias que elaboran el sentido colectivo de una comunidad", no son necesariamente afirmaciones dicotómicas. Nancy indica que el arte expresa relaciones entre sujetos independientes de las relaciones de fuerza, interés y de creencias que estos compartan o no. Mientras que nosotros mencionábamos un principio de identidad perteneciente a una comunidad, respecto a la cual el arte nos abre una instancia de participación activa que no siempre otorga la política institucional (al contrario). Ahora bien, este principio de identidad, débil, según Nancy, gana presencia efectiva en su reverso: la diferencia: "aquello que nos relaciona unos con otros es que podemos intercambiar signos de una finalidad sin fin, puesto que, únicamente una finalidad como ésta, que no está sometida a ninguna esperanza de cumplimiento ni de destino -sea histórico o sobrenatural- responde a nuestra existencia y, muy precisamente, al hecho de que esta existencia es en común, de que es esencialmente "ser-con" o es esencialmente compartir". 

Este intercambio de "signos de una finalidad sin fin" abre un espacio de comunicación fundamental. Cuando nosotros planteamos que el arte politiza en cuanto "muestra zonas de conflicto en la sociedad. Conflicto en cuanto a diferencias y desacuerdos, tensiones todavía sin resolver", indicamos el reverso negativo, quizá, del arte, pues Nancy lo expresa de la siguiente manera: "lo que pasa es que se generan proposiciones de sentido" -y continúa-: "lo que pasa es que, al menos algunos, sienten que comprenden o que comprueban que estas proposiciones son, ciertamente, las suyas, y que no lo hubieran sabido si no les hubieran sido enunciadas". De esta manera, el arte es más que lo político en cuanto espacio de deliberación, y más que lo político en cuanto técnica con el fin determinado de ordenar una comunidad sin un aspecto común fundamental. El arte excede lo político y, sin embargo, no deja de estar vinculado a lo político. El arte deviene, en tanto finalidad sin fin, una propuesta siempre abierta, una pregunta sin responder, un espacio de silencio comunicante.

Concluye Nancy diciendo que "el arte pertenece a lo común, no a la ciudad" -entendiendo ciudad como expresión de lo político- y continúa diciendo que "ello no impide que la ciudad tenga respecto a él el deber mayor de permitir su ejercicio. Se sigue de aquí toda una serie de condiciones que la política debe tener en cuenta en tanto que ella debe prohibirse a sí misma otorgar fines al arte". Así, para que el arte mantenga su mayor expresión se requiere que este persista en su finalidad sin fin. No obstante, nos preguntamos ¿qué gana o pierde el arte cuando la ciudad lo permite o lo proscribe? 



(Todas las referencias fueron tomadas de Arte y ciudad de Jean-Luc Nancy, disponible en: http://www.disturbis.esteticauab.org/DisturbisII/Nancy.html)









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