Hacia una educación consciente: El consumo de drogas en estudiantes secundarios



He realizado mi práctica I y II dentro del establecimiento educacional Instituto Tecnológico San Mateo. Este establecimiento, ubicado en la comuna de Pudahuel, de carácter Técnico Profesional, alberga a más de 1000 alumnos y alumnas que asisten periódicamente a sus aulas. Desde un comienzo, pude observar cómo dentro de mis estudiantes, y también, en cuanto a la totalidad del alumnado, existía un tema que estaba en boga debido a la gravedad del tema, y la consiguiente preocupación que había comenzado a emerger frente a éste. Las autoridades estaban al tanto: las drogas habían llegado para mantenerse dentro del establecimiento. Tráfico de estupefacientes y marihuana estaban siendo frecuentes dentro del recinto escolar y, lamentablemente, mis estudiantes no eran la excepción al consumo de éstos.
Supe por primera vez del problema al momento en que entré al colegio. Mi profesor guía me comentó que habían localizado a un dealer en uno de los 3ro. medios, quien vendía al resto de los cursos del colegio, claramente, apañado de secuaces. Poco después de esta noticia, me enteré que el chico había sido denunciado y que habían entrado los carabineros a llevárselo esposado, y que incluso, lo habían golpeado dentro del establecimiento, lo que generó la crítica a la institución policial por parte de los pares del alumno acusado. La comunidad estudiantil se manifestó gritando improperios a los uniformados, sin embargo, no se llegó a más que eso. El chico fue expulsado y parecía que se necesitaba un plan de contingencia para aquellos alumnos y aquellas alumnas que estaban bajo la mira por el supuesto consumo de drogas de diversos tipos, en especial, pastillas depresoras del sistema nervioso central, tales como clonazepam.

No obstante, el tema no terminó aquí, y como era de esperarse, el tráfico y el consumo continuaría dentro del colegio. En una de mis clases noté que una de mis alumnas estaba inquieta, y otro, muy enojado. Debían hacer un trabajo en grupo y 3 de sus compañeras de curso se encontraban alejadas del grupo. Les pregunté qué sucedía y me decían que no querían trabajar, claramente idas. No estaban bajo lo efectos de la marihuana, lo pude notar, pero tampoco estaban en un estado que se pudiese considerar de plena consciencia. Su compañera y compañero, ambos perturbados por el hecho me comentaban que no podían trabajar así, menos si ellas se encontraban “así”. Mis dudas se disiparon, y luego de llantos por parte de su compañera, quien se declaraba preocupada por el actuar de sus amigas, conversé con el grupo en totalidad, y les comenté que me preocupaba que consumieran ese tipo de sustancias, que son bastante fuertes, por lo demás. Ellos aún se encuentran en desarrollo, tanto físico como social e intelectual, y eso podía perturbar un tanto su desenvolvimiento, sobre todo, teniendo en cuenta que estábamos en el colegio. Les propuse cuestionarse el uso, vale decir, el por qué de su consumo. Así también les insté a observar las consecuencias del consumo de las diversas sustancias que se les pudiesen presentar en la cotidianidad y, por sobre todo, el contexto de uso, puesto a que claramente este no era el propicio.

Este tema se repitió en un par de ocasiones más, esta vez con marihuana. Mis alumnos me invitaron a consumir con ellos, a lo que dije tajantemente que no, y la conversación anterior se repitió, esta vez teniendo en cuenta la calidad legal del asunto. Del mismo modo, en un momento en el cual me ausenté unos minutos de la sala mientras cuidaba un curso, unos alumnos encendieron un cigarrillo de marihuana, lo que trajo consecuencias a nivel disciplinario, y dejándome confusa ante qué hacer frente a dichas situaciones, que creo dejan a cualquier algo preocupado y confuso.


Ante estas experiencias me pregunto, ¿qué hacer? Primero que todo, considero que no se puede seguir haciendo la vista gorda a un problema de esta magnitud, en tanto que se criminaliza a aquellos que venden las drogas, pero no se da cuenta de aquellos que son consumidores, más aun cuando estamos hablando de adolescentes. Por tanto, un plan de contingencia para tratar estos temas se hace necesario. Considero que es necesario mantener un plan de Orientación completo frente a dichos temas, vale decir, contextualizar todo el problema de las drogas: el narcotráfico y sus víctimas; los diversos tipos de sustancias, sus usos y consecuencias; el porqué del uso de estas sustancias, ¿qué hay de común en ellas a nivel personal y social?; las situaciones en las que las sustancias psicoactivas -aquellas que alteran el SNC- aparecen; por qué no se deberían usan en el cotidiano y atender a la dependencia tanto psicológica como física, entre otros temas. Es importante visibilizar las distintas aristas de este problema desde la premisa de su prevención al menos a temprana edad, o bien, de su concientización en el consumo mismo, en pos de hacer de los individuos personas autónomas con capacidad crítica de su propia subjetividad y de su entorno, esto llevaría a preguntarse a sí mismo la calidad de lo que se consume, el porqué de su consumo, si existe una intención definida y propia del consumo o sólo atiende a necesidad de identidad y encajar en un grupo, aun cuando no se desee realmente, a través de estas sustancias.

La educación juega un papel fundamental en lo que se denomina, comúnmente, como “Guerra contra las drogas”. Educar es la base para formar sujetos autónomos capaces de discernir, siempre teniendo las herramientas adecuadas, por las mejores elecciones o por el mejor uso. Esto, acompañado, claramente, de otros tipos de educación y acompañamiento, como el psicológico o el familiar. La legislación debe buscar acabar con el narcotráfico por otras formas, la regulación de las sustancias por organismos superiores, como el estatal, me parece relevante en este problema. Debemos asumir, dejando la moralina de lado, que las drogas, del alcohol hacia adelante, se mantienen vigentes en la cotidianidad, y parece que se quedarán para siempre. Tengamos en cuenta que, las drogas han estado desde inicios de las civilizaciones, con distintos usos, claro está, pero lo han estado. Apuntar a sus usuarios y ponerles un velo de intriga no hace más de fomentar el uso desconsiderado de las diversas sustancias. Acompañar en la experimentación es fundamental, y ante todo, la violencia NO es opción.


Para más información pueden revisar los siguientes artículos:


 Arias, J., Cano, V., Gallego, C., Patiño, C. “Consumo de éxtasis y búsqueda de armonía: referentes de una identidad juvenil” en Psicología desde el Caribe: nº21, 2008.
★ Bárcena, E. “Biopoder, juventud y drogas” en Contextualizaciones Latinoamericanas: nº12, 2015.
 Chaves, M. “Biopolítica de los cuerpos jóvenes: aproximación e inventario” en Revista de Temas Sociales: nº14, 2004.
 Duarte, C. “Sociedades adultocéntricas: Sobre sus orígenes y reproducción” en Última Década: nº36, 2012.
 Ghiardo, F. “Acercándonos al sentido del uso de drogas y la prevención desde los jóvenes” en Última Década: nº18, 2003.
★ Hopenhayn, M. “Fuegos cruzados sobre la juventud latinoamericana” en CEPAL, 2005.


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