Ruega por nosotras
Hace unos meses estaba entrando al paraíso "hipster" llamado Barrio Lastarria, cuando me percato que a la entrada de éste, en una pared cercana al GAM, hay un retrato muy especial. Me sorprendió su suavidad estética, su cercanía con el arte clásico que tanto me gusta, pero aun mejor, pues poseía la chispa y frescura de mi época. Por supuesto que el cuadro se hizo completo al tener de fondo la imagen publicitaria de J. Howard Miller, "We Can Do It!"(1943). Este dibujo de una reactualizada Virgen María con une niñe -nótese la androginia presente en la criatura que cuelga de su cuello- me hizo mucho más sentido en términos de feminismo que el mismo tradicional ícono feminista que se hallaba en su retaguardia. Sencillamente, hermoso.
Ahora bien, me gustaría contarles cuál es el valor que realmente veo en esta manifestación de arte callejera, donde se conjuga un estilo clásico con, como ya mencioné, la irreverencia juvenil contemporánea. Esta mujer cargando a su hijo -asumimos que esta criatura es Jesús-, embestides ambes en la gloria divina, con una aureola que les posiciona como santidades, representa, a mi juicio, una potente reactualización de la imagen tradicional de la Virgen María, la icónica imagen cristiana, mujer madre de Cristo, útero que proporciona el hilo centra de la historia narrada por la religión Católica. En este sentido, no podemos dejar de tener en cuenta la importancia del catolicismo en la historia de occidente, lo que por supuesto, nos incumbe en diversas perspectivas como sociedad chilena. El catolicismo se ha encontrado en la historia del territorio latinoamericano y, particularmente, chileno, desde la conquista española, alzándose este como argumento a favor de horribles masacres para los diversos pueblos indígenas que habitaban estas tierras, sin hablar esto, desde luego, de las diversas modalidades de "corrección" usadas en el medioevo en Europa favor del catolicismo -un tema que da para sí solo-. No fue tan hasta 1925 cuando en Chile, por constitución, se separó la Iglesia del Estado. A este respecto, sabida es la influencia que aún tiene tanto en la cotidianidad como en las decisiones legislativas la religión católica en Chile y en el mundo, a pesar de haber ido perdiendo progresivamente, sobretodo, su prestigio. Innegable es, entonces, la influencia de esta institución en nuestro imaginario y cosmovisión como nación.
María, la Madre de Jesús, imagen del cristianismo primitivo, se sitúa como imagen de mujer pasiva, portadora de la estirpe masculina. La Santa se erige como el dispositivo que da a luz y se encarga de cuidar al encargado de salvar al mundo. María no es la excepción a los siglos y siglos de supeditación la mujer al hombre -y para más una mujer embarazada antes del matrimonio ¡Horror!-, sino que la confirmación, y no una confirmación cualquiera, sino que una divina, y por sobre todo, patriarcal. No podemos obviar que las religiones son y han sido, ideologías de un machismo exacerbado, del que se puede dar múltiples ejemplos que aluden a ello (1).
(2)
El intertexto es, por tanto, vital para la creación de sentido feminista en esta pintura. La contraposición es tal que el mensaje se efectúa limpio. Esta pieza de arte callejero no mantendría un discurso y posibilidades de lecturas tan potentes si no fuese por el enfrentamiento de la tradición con el presente que habita, en donde ambas dimensiones se complementan para otorgar un sentido completo. La contemporaneidad ha traído consigo, cada vez con más fuerza, un movimiento feminista que se cierne desde hace ya siglos -incluso desde la Grecia Antigua-, con un Feminismo Histórico que abogó, desde la Revolución Francesa, por igualdad para todxs lxs ciudadanxs -me daré de ahora en adelante la atribución de utilizar el grafema "x" para el género, aprovechando la elasticidad de la escritura-, punto esencial para inflamar la llama de la lucha, donde aún se consideraba (y se considera) a la mujer como parte menor dentro del tejido social. Ahora bien, observando a esta "María Punki" -como he decidido nombrarla- es posible leerla desde varias matrices, desde mi perspectiva, empoderadoras del género femenino. Nos encontramos con la imagen irreverente de una figura sacra del cristianismo, figura femenina portadora de vida, pero ante todo, portadora de la capacidad reproductiva y de cuidado que conlleva el rol tradicional de la mujer durante milenios. No es cualquier mujer, es "la madre del salvador". Esta figura plasma una seguridad que no se ve en las representaciones propiamente cristianas de la imagen de la Virgen y Jesús. La postura es mucho más natural, suelto el cuerpo y decidida la mirada, entregando una imagen más audaz, en contraposición directa con la posición de mayor sumisión que podemos observar en la tradicional y cristiana María. Por supuesto que los elementos urbanos contemporáneo, como los tatuajes que tiene esta reactualización, en conjunto con la vestimenta de María Punki completa el cuadro. Sin embargo, creo que este cuadro de arte callejero no podría estar completo sin sus acompañantes de pared. El complemento que se genera entre estas obras callejeras es distinto al que podemos observar dentro de un museo. Aquí, en el "museo de la calle" es posible observar las conversaciones íntimas de las obras que conviven codo a codo, disputando espacio, o tal vez, sólo entablando espacio. La geometría perfecta que alcanza esta María insurrecta en compañía de un ícono feminista como es el cartel "We Can Do It!" ciertamente intensifica el sentido de la obra central. A diferencia del museo, establecimiento que, como señala W. Benjamin, provoca la desaparición de lo aurático en las obras. Pareciera ser que, en la pared "libre", la conversación fluye, cambia y se sustituye constantemente.
Al ser esta conversación de naturaleza fugaz e insegura su estancia y mensajes en nuestras vidas, al verse privadas de un espacio certero de permanencia como lo es el museo, la fotografía se alza como herramienta que condensa un espacio de discusión acotado, o mejor dicho, un tiempo y una conversación en particular. La fotografía es capaz de lograr de distintas obras callejeras, ensambladas en una pared que comparten, un trozo individual, una sola conversación de aquellas múltiples que se observan en el arte callejero. Por tanto, mediante el uso de la fotografía se difunde un mensaje particular, se puede llevar a diferentes contextos de lectura y discusión.
Al ser esta conversación de naturaleza fugaz e insegura su estancia y mensajes en nuestras vidas, al verse privadas de un espacio certero de permanencia como lo es el museo, la fotografía se alza como herramienta que condensa un espacio de discusión acotado, o mejor dicho, un tiempo y una conversación en particular. La fotografía es capaz de lograr de distintas obras callejeras, ensambladas en una pared que comparten, un trozo individual, una sola conversación de aquellas múltiples que se observan en el arte callejero. Por tanto, mediante el uso de la fotografía se difunde un mensaje particular, se puede llevar a diferentes contextos de lectura y discusión.
Las calles parecen conformarse, por tanto, como un museo "al aire libre", y por libre, también la creación y lo que en ella decide montarse. Como espacio comunicativo se erige como lugar propicio para discusiones desde distintos tipos de arte que, fuera de los recintos de lo que se denomina como "artístico" sacan a relucir su discurso, propagarlo, complementarlo e incluso ponerlos en conflicto con otros. La calle se alza como espacio de lucha, de una batalla sin trinchera. Del mismo modo, como observamos, es interesante observar cómo esta lucha es capaz de extrapolarse en fragmentos que la perpetúan, a pesar de su fugacidad, a través de la herramienta fotográfica, llevando así los fragmentos discursivos a otros contextos, haciéndolos susceptibles de nuevas lecturas y discusiones, tal es el ejemplo de las redes sociales, o este mismo ejercicio que he estado haciendo.
El afuera se configura como un gran y fructífero espacio de luchas de diversas índole, espacio que a pesar de su constante exposición se ha mantenido vigente durante mucho tiempo, pues, ¿dónde se dan las luchas desde el arte si no es con el mundo?
-
¿Tienes algún comentario? ¿Alguna lectura o complemento a la mía?
Déjalo saber en los comentarios.
¡Gracias por leer!
-
(1) Éxodo 20:17. El
Mandamiento que cosifica a la mujer. La Iglesia ha maquillado el
décimo Mandamiento reduciéndolo a "No codiciarás los bienes ajenos", pero lo
que realmente dice la Biblia es esto: "No codiciarás la casa de tu
prójimo, ni su mujer, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni
nada de lo que le pertenezca".
Carta de San Pablo a los
Corintios, 14:34. La mujer, callada. "Que las mujeres guarden
silencio en las reuniones; no les está pues, permitido hablar, sino que deben
mostrarse recatadas, como manda la ley. Y si quieren aprender algo, que
pregunten en casa a sus maridos, pues no es decoroso que la mujer hable en la
asamblea."
(2) María rezando, Sassoferrato.




Comentarios
Publicar un comentario